marzo 26, 2008

Los dedos de Cata

Qué fingers, vení a mirar Paddy! gritó Stella girando la cabeza lo suficiente como para permitir que su voz finita y aguda como el chirrido de las verjas sin aceite que monopolizaban la cuadra se internase en la sombra fresca del corredor. Esa forma de girar la cabeza le producía a Cata, la dueña de los dedos, una sensación de malestar corto pero tenaz, como cuando comía helado directo del cucurucho sin la mediación de la cuchara. Nunca pudo explicarlo muy bien, pero llegó a pensar que el dolor agudo que comenzaba en las encías y subía hasta la sien tenía que ver con la combinación de ese cuello de goma que parecía inhumano, de títere de kermese (siempre le había tenido miedo a cualquier tipo de muñeco) con ese agudo que remitía a vigilancia, pues ninguna casa de la cuadra aceitaba las clavijas en una suerte de autocontrol vecinal por el cual todos sabían siempre quién entraba, quien salía, a qué horas y por cuánto tiempo.

Mientras Cata intentaba en vano zafar sus manos de entre las manos de Stella, la oscuridad comenzó a tomar forma. Primero como de fantasma de sábana de dos plazas, después de oso ancho y retacón como el de los dibujitos a la hora de la leche, hasta que salió al pleno sol guacho de las tres de la tarde un hombrecito que pegaba en el poste de ser enano.

Cata decidió no mirarlo, pero cuando Paddy tomó sus manos blancas entre las de él, no pudo evitarlo. Esperaba encontrarse atrapada entre dos pasas de uva resecas pero se sorprendió con el agarre amigable, firme pero no brusco de dos manos suaves y blandas. Entonces subió por el brazo gordo hasta el lugar donde debería haber estado el hombro y el comienzo del cuello pero se encontró con una cabeza cuadrada, desmedida y con un ojo grande, celeste y perfectamente redondo como el botón huérfano del batón de cualquier abuela al sur del riachuelo. Del otro ojo, sólo un tajo zurcido. Entretanto, Paddy hizo su propia inspección sin prestar atención a los saltitos ansiosos que Stella daba en el lugar, miró las manos de costado, de frente, por arriba y por debajo y dio su veredicto:

Si, empezamos mañana

continuará

4 comentarios:

meki dijo...

Amiga, qué refrescante este texto en medio de tanta cadena de discusión oblicua.
No la leíste aún, pero se te inflitró un poquito de Carson acá, muejeje. Muy bueno!

EmmaPeel dijo...

meki! qué sorpresa! pensé que no lo había leído naides jiji

besos (y qué buena la Carson!)

toto scurraby dijo...

che emma me encanto gusto este text
ahora voy a ponerme al dia con lso otros ciao ragazza

EmmaPeel dijo...

toto: me alegro! y lea tranqui que hay tiempo jaja
beso