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octubre 27, 2009

esloumoushon, me dijo

Cuando creía que ya todos
habían tomado todo
lo que había
y más
te quedaste parado ahi
quieto
en apariencia
los ojos te delatan, sabés?
y corren
detrás
de lo que no querés nombrar

ahora leo sobre slowfood
respiración kundalini
teatro butoh
miro animaciones
cuadro a cuadro
repito el mantra
del gurú René Lavand
no se puede hacer más lento

quiero el contagio
la esloumoushon

me tenés al spiedo

septiembre 09, 2009

En el 14


En el próximo número de la Revista Metrópolis la movediza

uno de nuestra cosecha


Salú, mai frens!

marzo 15, 2009

ejército de salvación

Flora plancha y la mira como aquella vez, cuánto pasó? ya diez años? El limonero que ahora dibuja sombras chinescas a través del ventanal de la cocina no rankeaba ni para plantín cuando Franco hacía las valijas para pasar unos días de reflexión en la casa del country mientras ella se quedaba llorando abrazada al contestador donde había encontrado los mensajes de la otra.

Pasaron 10 y vuelve a pasar, pero ahora es diferente, Flora -tiene ganas de decirle mientras le acerca el apresto para que empape bien la ropa como a ella le gusta- Porque es como cuando voy al galpón del Ejército con Marita, recorro, miro, mido y entre todas las porquerías elijo esa silla thonet con las patas flojas y el esterillado comido por las ratas. Por qué traigo esa basura a casa si puedo comprar lo que quiera? Porque yo elijo salvarla. Esa silla destartalada con destino de relleno sanitario en el CEAMSE, inútil en su soledad de silla sin bar ni barra ni parroquiano que la acune, es rescatada por mí que la veo que está fallada pero la llevo igual, porque soy así: bu-e-na -y cree que se le escapó en voz alta, un buena vocalizado lento y abierto- Esa silla está en deuda por siempre, y aunque no se diga, en cada café servido antes de salir para la oficina, en cada toalla alcanzada al borde de la ducha, en el sexo de costado antes del buenas noches de la medianoche, en cada gesto está grabada la oración "Silla, no sos digna de que entres en mi casa, pero una palabra mía bastará para sanarte y hacerte pagar las cuentas de ésta, la anterior, la que viene y todas las vidas que imagines"

Todo eso le explicaría a Flora que la mira así, como hace diez años, pero se le hace tarde para llevar a los chicos al colegio y con esa mirada basta y sobra.

marzo 05, 2009

demasiado teatro

Se para en el borde del cordón de la vereda, balanceando el peso del cuerpo desde la punta de los dedos a los talones. Va y viene hasta que queda suspendida con los músculos en guardia, listos para dar un salto digno de zapatillas de punta y tutú. Pero está en el microcentro que todo lo ajusta y el envión sólo es de la mirada. que como Mao da el gran salto hacia adelante y se choca con su propio reflejo recortado en el gris del ventanal financiero. Entonces ensaya poses: estira el cuello, mira sin ver hacia los costados, levanta el mentón desafiante. No es linda, pero tiene la habilidad de hacerte creer que sí (una vez le confesó a un amante que desde chica, cada vez que sale a la calle, se sale de sí y se ve a través del lente de una cámara que imagina ahora en ese zaguán, después en la ventana del bar, unas cuadras más allá en un poste de luz. Que camina en la búsqueda del plano adecuado para que desde el taxi que espera el verde su figura quede en marco, y tal vez se repita en la retina de ese nadie mucho más tarde). Se demora, el encuentro con Franco la tiene ahogada de bronca y pena desde hace días. ¿Cómo llegaron hasta ahí? La culpa la tiene ella, entrenada en las telenovelas de la tarde, debería haber sospechado que todo venía raro cuando la primera vez que él se acerco lo suficiente como para olerle el cuello, a sabiendas que en minutos más la iba a tener en cuatro en una cama alquilada a orillas de palermo, le escuchó un suspiro agudo y corto, como de llorona cansada en velatorio italiano. Demasiado teatro, pensó, pero lo dejó hacer.

Y ahora ahí está, sobre avenida de mayo, llenando una ficha con nombre falso. El conserje le avisa que es en el segundo piso. Ellos se van a querer en madrid, pero antes me coge en el Ritz piensa, mientras ensaya el último giro frente a la habitación 23, y sin golpear, entra.

marzo 03, 2009

Quererse en Madrid

La gabardina no cede y la molestia ya es indisimulable. No porque la tenga muy grande (con cuarentitantos de mingitorios y algún que otro vestuario sabe que entra en el grupo de los estándar tirando a chico, aunque puede asegurar a quien quiera oírlo que no ha recibido quejas, calcula que gracias a su afán de cumplidor, siempre que se le dé tiempo y aire aclara a la que parezca ansiosa) sino porque la tela se ensaña en estar tanto o más dura que su pija. El afán evangelizador de testigo de jehová recién estrenado con el que Flora le apresta la ropa es comparable sólo a la dedicación con que Romina, en un par de horas, lo va a chupar hasta que pida basta.
Decide caminar estirando el paso para ver si afloja pero no, entonces no le queda otra que con la mano derecha tirar de la tela a la altura de la bragueta al tiempo que se apoya en la punta de los pies y se eleva unos centímetros. El movimiento produce un efecto curioso: al despegar el pantalón por la ingle y levantar los talones del piso recuerda a uno de esos souvenirs que venden en la recova de la bristol y en alguna que otra manta en la plaza de salta, esos muñequitos de madera a los que si uno tira por los pies, se les para la poronga desmedida para que las tías rían sonrojadas mientras devoran los alfajores de fruta.

Mira el reloj, todavía faltan dos horas para que se encuentre con Romina en algún bar del centro, se sienten en una mesa alejada de la ventana, pidan un whisky con un hielo y un agua sin gas para ella y él acompañe con una estela para no desafiar a los dioses (sólo un par de veces se rindió a la azul promesa del sildena y el dolor de cabeza no lo abandonó por tres días). Ya con la garganta en precalentamiento, le va a sacar de a uno todos los sufrires, porque Romina no tiene historias, tiene dramas y dramitas que desgrana en un tono neutro con una pátina ácida que la deja sonreírse de vez en vez, una forma de contar que divide a los interlocutores entre el miedo y el espanto, porque en ella todo da para placa roja de crónica pero lo cuenta con el profesionalismo y la seguridad de una presentadora de la deutsche welle. A él eso lo fascina pero también lo asusta, refrena la primera náusea (siempre fue flojo del estómago, su madre todavía recuerda cuando en días de crecida, allá en atalaya, al compás que subía el río vomitaba lo que tuviera a mano) y sigue mirándola sin verla, oliéndola a través de la madera de la mesa, de los levis gastados, de la tanga, del medio mundo y cuatro baldosas que los separan.


Enredado en la entretela de la memoria, buscando la punta del hilo que desande el camino que lo lleve del olor al roce de sus dientes y de ahí al brillo de la transpiración entre las sábanas usadas y a las uñas clavándosele en la espalda, en esa tarea está cuando escucha el teléfono.
Un mensaje de texto:
ya están los pasajes!

Dos horas faltan para ver a Romina y perderse entre sus sombras, un poco menos que las doce que faltan para viajar con su mujer en plan segunda luna de miel


buenísimo contesta nos vamos a querer en madrid

enero 13, 2009

intento último y vano, el de refundar la historia en patas

los pies frios y húmedos
dejan marcas sobre el mosaico

las dicroicas, sobre el retrato,
iluminan recuerdos ajenos

navidad 88
cancún 92
brooklyn, sin fecha

lo que no compartimos
ahora lo quiebro
líneas a pulso
tajos gastados a reverencias

mientras de afuera
llegan
secas
las risas

acá
fría y húmeda
casi respiro


noviembre 20, 2008

desde el balcón
armo el mapa de los insomnes

las torres no brillan en los contrafrentes
sólo el titilar de las teves
acuna los sueños cortos
del dos ambientes
dormitorio en suite

afuera
una luz de pucho
se pierde a contramano
por la avenida vacía

señal de otra vida
que sobrevive
a esperas

noviembre 09, 2008

brillos distantes

Se siente así como en tus diez, cuando llegó tu tío con una bolsa de cañitas voladoras la tarde del 24.

Hasta esa navidad no te habían dejado jugar mas que con unas estrellitas que alumbraban menos que los bichitos de luz (¿ya no hay más? en Glew no se consiguen ni en las zanjas, se fueron con el loco Gómez y los naranjú, difícil explicarle a un pibe qué era un bichito de luz).

Te pasaste toda la comida contando con los dedos como pianito los minutos que faltaban para que llegaran las doce. Te aguantaste patear a tu hermana por debajo de la mesa, dejaste las etiquetas del vino sin despegar y comiste hasta el budín de arroz seco que preparaba tu vieja con tal de que no hubiera nada que empañara el momento.

Se hicieron las doce y lo viste a tu tío ir con la bolsa para la vereda. No corriste detrás porque no querías mostrarte taaaan contenta, porque sos así, se quiere hacer la durita decía la maestra.
Te acercaste despacio y esperaste que encendiera la mecha. Y encendió. La brasa colorada trepando por el hilo parecía que te iba quemando la panza, que ardía desde hacía un rato.
La cañita lanzó un silbido que te asustó, cerraste los ojos y te perdiste el despegue. Rápido, miraste al cielo buscando la luz que era tuya, pero no viste nada, sólo humo.
Los intentos fueron vanos. Ninguna de las diez cañitas que había en la bolsa, brillaron esa noche.

-Están falladas, será la próxima- te dijo tu tío mientras se encendía un pucho y miraba los brillos distantes de los fuegos que tiraban desde la municipalidad.

octubre 08, 2008

selección

Caminar por Recoleta
de noche depara

una peluca rubia
dos kiwis
migas de pan francés

¿quién sería de no ser la que soy?

esa otra vida
que sale a encontrarte
de cada bolsa rota
recién abandonada
por ese que va ahí
empujando el carro

lo selecto de las sobras

agosto 25, 2008

lombroso tenía razón



Nos llaman en diminutivo


acomodan con gusto las solapas


las mañas los gestos


pero la batalla real se libra


(cuándo no)


en alto campo





dividir en dos las crenchas


tirar fuerte y parejo


ni derecha ni izquierda


el centro que asegure


orden y progreso


trenzar y anudar





saben


que hasta que el fijador no amanse


esos rulos perennes


la amenaza late


cada mañana

dibu de la Maga

julio 24, 2008

(esa vieja loca)

Baja la calle de tránsito lento
las fachadas pintadas en colores
de alto rinde óptico

naranjas, plateados, rojos sangre
insuflan vida toda la vida
que refrenan las paredes
del Palermo donde no quedan
ni sombras ni ganas
de malevos y amores cruentos
A falta de faroles
encandilan engañosos
las veredas
soles tibios parquizados

Pero las escobas
de las señoras que ayudan
con el orden y la limpieza
que supimos conseguir
resisten y rascan
en busca de lo que queda
rebelión insubordinada
lo que alguna vez
llamamos vida


(esa vieja loca)

julio 14, 2008

instrucciones

Se pliega el papel prolijamente primero al medio después en cuartos, la cinta se enrolla sosteniendo uno de los extremos entre el pulgar y el índice de la mano izquierda mientras el resto de los dedos esperan en barrera el girar envolvente de la derecha. Justo una vuelta antes del final, los giros toman un nuevo rumbo y la cinta con su vuelta restante se pasa por entre el hueco que han dejado los dedos una y otra vez hasta ajustarla lo suficiente para que el ahora sí rollo de cinta no se desarme. Se toma una caja, de ser posible de cartón, y se depositan dentro el papel, la cinta enrollada y por último la tarjeta. Alguien podría decir que la tarjeta quedaría mejor hacia el fondo de la caja, que sería una mejor forma de aprovechar el espacio, pero no, es necesario tenerla a la vista para cuando en esos días de niebla que ocultan las formas o de soles plenos que encandilan las ganas, se busque la caja, se abra y se lea todo lo que se quiso regalar y no fue aceptado. La caja se cierra y se vuelve a guardar, no por siempre, sólo hasta una nueva vuelta del destino.

abril 30, 2008

backup


Revuelvo cajones en busca de la memoria perdida, intento hacer un archivo para cargar una máquina que haga exactamente lo contrario a la de Eterno Resplandor. ¿Por qué? divina reina viejo estilo siniestro diría que estoy en pleno uso de mis facultades burócratas, ésas que me llevan a ser la empleada del mes en el edificio de la burocracia de la bondad, ministerio del interior. Yo intento creer que en verdad es puro egoísmo: tengo la loca certidumbre que si los objetos de mi afecto (y a veces los no tanto) andan bien, algo de ese buen andar se me va a pegar como abrojo a mis botamangas oxford de corderoy (adoro el frescor, les dije?)


Por eso me encuentro de patas cruzadas como cuando me sentaba a hipnotizar el fuego en las sierras pero intentando ahora engatuzar a los fantasmas para que se pongan en fila y hagan caso que total es un ratito. Y así busco y rebusco retazos de años en tazas que en algún momento humearon, en sweaters apoliyados hace más de una década, en sonrisas gastadas con fondo de película costumbrista italiana. Ya con la mochila repleta de historias en sepia y polaroid me acerco a sus ojos mansos, a su lengua cada vez más mezquina y ahí en ese silencio descubro que llegado cierto tiempo la memoria entrenada tiene esa cosa tosca de patovica winner de gimnasio de Hokamma.

Entonces reniego del vademecum, mejor dejarlo ir con su propio montaje, en la película que más le guste

abril 16, 2008

sabado

Camino por Plaza Lavalle la tarde en otoño de catálogo

un rocío helado y gris cae sobre las hojas, los bancos, los linyeras

la ciudad es un mausoleo

una pareja de granito bufa, me piden un pucho


detrás, en el centro, un optimista escribió en la piedra

Nacido a la inmortalidad


el Colón vende un master plan, sigo de largo

me conformo con nacerlo y criarlo un rato

abril 09, 2008

Subir al auto
sentarse recto
la vista al frente
por el espejo retrovisor
un gesto
la nariz
el movimiento de las cejas
todo un gran dejavu de tus 15
y en el baúl, el tupper con los bifes de ayer
las moscas de siempre


Graciadio, no hay viaje que dure 100 años

abril 03, 2008

ahorro

Diciembre es su mes. Se escapa hasta el árbol de navidad del shopping más cercano, una hora antes del cierre, y roba las cartas que depositan los visitantes. En Año Nuevo se hace un festín porque tiene doble chance: se encarga de actualizar la agenda de su jefe y, con la excusa de un ritual de buen augurio, pide a todos sus conocidos que escriban sus proyectos para los próximos 365 días. Podría llevar un diario de la frustración circundante, pero no, a su modo, siempre tuvo algo de positivista. Se entretiene leyendo cada lista, cada nota, pues nada le resulta más triste y encantador que la esperanza ajena y, de paso, se ahorra la propia (inútil, claro está. No se lo digas, pero si le cruzás los ojos hoy vas a saber de qué te hablo)

abril 01, 2008

Los dedos de Cata (fin)

viene de acá

Así fue como Cata comenzó a salir de su casa todas las siestas, y luego de amortiguar el agudo de la puerta poniendo el empeine del pie por debajo de la reja justo antes de correr el pasador, trotaba sin mirar a los costados por el corredor oscuro y fresco hasta la habitación del fondo donde la esperaba Paddy rodeado de pilas de partituras, Stella sirviendo el té frío y en el centro, el piano. Al mes logró tocar el Claro de Luna con los ojos cerrados, Paddy sólo gruñía pero por el golpecito acompasado sobre la carpeta de solfeo, ella supo que estaba contento.

La rutina se quebró un domingo antes de que terminara el verano. Cata entró como siempre, intentando silenciar a la verja delatora, pero no llegó al fondo. En el zaguán estaban Paddy con su ojo de faro viejo apuntando a la nada y Stella bamboleándose en la silla de atrás hacia adelante con un impulso tal que las moscas que intentaban una parada táctica a la sombra salían chocándose espantadas.

Para vos, disparó Paddy directo a las manos de Cata un paquete rectangular envuelto en papel metalizado azul. Todavía asombrada por el recibimiento, intentó despegar con cuidado cada una de las tres tiras de cinta scotch pero las manos le temblaban mucho. Stella no aguantó la espera y en un envión para adelante estiro las manos con las uñas listas y se llevó el papel entero. Lo que quedó al descubierto fue lo más lindo que Cata había visto (y lo que habría de ver) en mucho tiempo: un piano sostenido por unas patas torneadas con el final en malaquita y con una tapa patinada en celeste coronada por una delicada guía de flores que terminaba ahi justo donde arrancaba el teclado.

Es de juguete pero ya vas a tener el de verdad, hoy andá y jugá un rato le dijo Paddy en un arranque de verborragia antes de entrar y despedirla hasta mañana. Cata se fue abrazada a su tesoro y hasta que llegó a la esquina de su casa hizo rechinar cada puerta de reja para que todos la vieran pasar. Entró derecho a su pieza y se sentó a practicar con los índices el Claro de Luna en las teclas diminutas. No tardó mucho en aparecer su hermano Toti, un moreno flaquito y nervioso que no paraba de moverse ni dormido consecuencia de, según la tía Lita, un disgusto de la madre justo antes de parirlo. El Toti revoloteaba sacudiendo los brazos como hélices de helicoptero con parkinson intentando llamar la atención de Cata, pero nada distraía a la concertista que se imaginaba en una sala dorada y roja como esa de la foto que le mostraba Paddy en la enciclopedia El Ateneo. Después de intentar con los saltos de rana, el ruido de pedos artificiales apoyando los labios en la cara interna del brazo y hasta el molesto no te toco, el aire es libre, el aire es libre y ante la ignorancia impertubable como única respuesta por parte de su hermana, Toti eligió el camino directo, manoteó el piano y salió corriendo para la cocina.

Cata se paró de un salto y siguió al bulto que a los gritos festejaba ahora sí me das bola y en un recodo del living, justo a la altura del aparador, alcanzó a arañarle la espalda pero no lo suficiente como para detenerlo. Toti acusó recibo con un alarido digno de película de terror de sábado a la noche y se trepó a la mesada, así los encontró la madre que llegaba arrastrando una joroba de pena y la cartera, a cual de las dos más pesada.

Las palabras se le atoraron a Cata piano mío Toti de verdad voy a tener uno y el pequeño no dejaba de gritar, asi que como en esas escenas que uno ve a la distancia y cree que no, que las soñó en una noche de fiebre o de cena muy pesada, la madre tomó el piano de entre las garras de Toti, lo depositó en el suelo de la cocina y de un pisotón lo partió a la mitad: Ahora hay piano para todos.

Toti se fue corriendo a prender la tele mientras la madre abría la heladera para ver qué cocinaba. Cata se quedó arrodillada al lado de las maderas rotas, clavándose las astillas bien profundo entre los dedos, hasta verlos sangrar.

marzo 28, 2008

pastillero

Allá por sus agitados 9 la maestra de turno sentenció tiene su costado masculino muy desarrollado cuando la encontró entrenando con un muñeco de 12 como si fuera la reencarnación de Mohammad Alí en su regreso a la tierra prometida. Lo que no tenían en cuenta es que ella lloraba a mares cuando veía a Rick Hunter que si que no con Minmei, boludo! no ves a Lisa Hayes?

-


Tiempo después, verla llegar con la caja de herramientas y observarla armar una llave combinada en silencio zen, según los dichos de algunos, era una imagen irresistible. Ella confirmó que un par de orgasmos de propina ligó mientras luchaba con la pinza amperométrica


-


En el preciso instante en que terminó de acomodar la corteza de la palmera justo por delante de la rueda atascada del buggy y le pidió al conductor que ahora sí acelerara que lo iban a sacar, lo supo: no había hombre que se aguantara eso, al menos no por mucho tiempo

marzo 26, 2008

Los dedos de Cata

Qué fingers, vení a mirar Paddy! gritó Stella girando la cabeza lo suficiente como para permitir que su voz finita y aguda como el chirrido de las verjas sin aceite que monopolizaban la cuadra se internase en la sombra fresca del corredor. Esa forma de girar la cabeza le producía a Cata, la dueña de los dedos, una sensación de malestar corto pero tenaz, como cuando comía helado directo del cucurucho sin la mediación de la cuchara. Nunca pudo explicarlo muy bien, pero llegó a pensar que el dolor agudo que comenzaba en las encías y subía hasta la sien tenía que ver con la combinación de ese cuello de goma que parecía inhumano, de títere de kermese (siempre le había tenido miedo a cualquier tipo de muñeco) con ese agudo que remitía a vigilancia, pues ninguna casa de la cuadra aceitaba las clavijas en una suerte de autocontrol vecinal por el cual todos sabían siempre quién entraba, quien salía, a qué horas y por cuánto tiempo.

Mientras Cata intentaba en vano zafar sus manos de entre las manos de Stella, la oscuridad comenzó a tomar forma. Primero como de fantasma de sábana de dos plazas, después de oso ancho y retacón como el de los dibujitos a la hora de la leche, hasta que salió al pleno sol guacho de las tres de la tarde un hombrecito que pegaba en el poste de ser enano.

Cata decidió no mirarlo, pero cuando Paddy tomó sus manos blancas entre las de él, no pudo evitarlo. Esperaba encontrarse atrapada entre dos pasas de uva resecas pero se sorprendió con el agarre amigable, firme pero no brusco de dos manos suaves y blandas. Entonces subió por el brazo gordo hasta el lugar donde debería haber estado el hombro y el comienzo del cuello pero se encontró con una cabeza cuadrada, desmedida y con un ojo grande, celeste y perfectamente redondo como el botón huérfano del batón de cualquier abuela al sur del riachuelo. Del otro ojo, sólo un tajo zurcido. Entretanto, Paddy hizo su propia inspección sin prestar atención a los saltitos ansiosos que Stella daba en el lugar, miró las manos de costado, de frente, por arriba y por debajo y dio su veredicto:

Si, empezamos mañana

continuará

marzo 06, 2008

La artista plástica Julia Ortiz Elías llegó a visitarnos por esta otra Julita

y nos cuenta que con otra tocaya, Julia Salinas Sánchez

hoy inauguran una beia muestra en Lima, Perú.


Como sé que hay muchas visitas desde la tierra de la Inca Cola, acá los datos (merde chicas!)

Jueves 6/03 - 20 hs.
Julita
instalación
Centro Cultural España
Natalio Sánchez 181 - Santa Beatriz - Lima